

"Mi obra es el resultado de inquietudes que deambulan por el paisaje y que pretenden generar diálogos con el espectador desde una visión subjetiva. El dibujo, la pintura y la escultura son parte fundamental de mi proceso creativo y mis búsquedas individuales.
La experiencia personal de haber salido de mi pueblo se ha convertido en el punto de partida y en el detonante de este proceso en el que Zaragoza es el referente contextual. Mi éxodo constituye el punto de inflexión en mi experiencia vital en donde la carga emotiva del desarraigo y la soledad en un contexto diferente al mío se convierten en disparadores de sentido. La ausencia se manifiesta con toda su carga simbólica en estos paisajes desolados".
Desde el universo discursivo del arte, el paisaje es concebido como un conjunto de representaciones subjetivas del territorio, al cual se le atribuye un carácter estético-fenomenológico por tratarse de la relación de un sujeto con un territorio representado o real.
Esto es lo que significa para Jeison Sierra concebir el paisaje como el elemento identitario primordial que alimenta su creación plástica. El artista, originario de Zaragoza, Antioquia, describe desde vistas lejanas imágenes que, de forma abstracta, se asocian a los paisajes de su infancia, la historia de su familia, el regreso al hogar. Este es el bagaje autobiográfico al que alude su obra, la cual es una metáfora abierta referida a la idea de un regreso simbólico al Edén.
El paisaje es descrito así: “La población es uno de los principales puertos fluviales sobre el río Nechí. Tiene cerros desde donde se divisan panorámicas amplias, muchos ríos que forman piscinas naturales y una ciénaga, todo ello hace parte de sus atractivos naturales”[1].
Zaragoza hoy parece ser un paraje remoto; sin embargo, fue un asentamiento central en la producción aurífera de aluvión en el primer ciclo minero de Antioquia en épocas coloniales. En aquel entonces, la actividad requirió grandes concentraciones de indígenas esclavos, por lo cual la minería fue y es un elemento de extensión de la población y de la creación de nuevos núcleos de actividad económica. Se dice que los reyes de España mandaron a confeccionar una piña de oro, hecha con la fundición de 80 castellanos, para enviar a la población en agradecimiento por los copiosos lotes del mineral precioso que de allí provenían. Desde su origen, su explotación estuvo rodeada de secretos, conflictos, y ciclos de expansión-contracción que generaron niveles altos de violencia y despojo.
La pintura de Jeison Sierra está inserta en la tradición antioqueña del paisaje mítico, fundacional, en la que lo anteceden figuras emblemáticas como Francisco Antonio Cano y Pedro Nel Gómez. El hecho es notable, ya que desde mediados del siglo pasado la tendencia hacia un arte urbano cosmopolita relegó al género de pintura paisajística hacia las tendencias históricas pasadas.
La obra reciente de Sierra introduce el color de forma extrema, sugiriendo cielos en llamas, arreboles fantásticos y atmosferas cargadas de una energía extrema. La pintura parece gritar que el paisaje se acaba y la tierra sufre. De nuevo, el paisaje toma relevancia dado que una renovación de la consciencia ambiental global se ha disparado a partir de la documentación de los procesos acelerados de destrucción ambiental, peri-urbanización, y las transformaciones acaecidas por la explotación económica aurífera industrializada e ilegal, no solo en los valles aluviales andinos sino en todo el ecosistema del río Amazonas.
Sus nuevas obras, en proceso, se refieren al uso escultórico de la tierra prensada como elemento de construcción ecológico. Su atención al paisaje y a sus transformaciones se renueva con los paisajes desérticos de Antioquia.
[1] https://www.puebliandoporantioquia.com.co/subregion-bajo-cauca/municipio-zaragoza/





