
En el campo del arte contemporáneo colombiano, la trayectoria de Claudia Hakim se distingue por una paradoja singular: la de una artista de extraordinaria sofisticación formal cuya obra ha permanecido, durante largos períodos, en una esfera de discreción voluntaria. Dedicada intensamente a su labor como gestora cultural de NC-Arte y como directora del MAMBO, Hakim ha postergado reiteradamente la visibilidad de su propia producción. Tal vez por un pudor injustificado, tal vez por la exigencia ética que impone a su práctica, su trabajo ha aparecido de manera esporádica, pese a contar con más de treinta años de trayectoria.
Esta exposición marca un momento decisivo. Es su primera muestra individual en más de quince años y reúne el corpus más amplio de sus obras presentado hasta la fecha. A través de algunas de sus series más emblemáticas, El universo de lo múltiple permite comprender la evolución de su investigación artística y, especialmente, la incorporación de sus tejidos en metal dentro de su vocabulario plástico, articulados aquí de manera integral por primera vez.
Formada en diseño textil en la Universidad de los Andes, Hakim desarrolló desde sus inicios una sensibilidad particular hacia la materia: no como soporte pasivo, sino como campo de tensión, estructura y posibilidad. El pensamiento textil —basado en la urdimbre, la trama, la repetición y el patrón— se convirtió muy pronto en una lógica expandida que trascendió la fibra. Hasta 1998 trabajó principalmente con materiales textiles; sin embargo, tras un período en Oxford y su regreso a Bogotá, se trasladó al estudio que aún ocupa hoy. Allí comenzó a interesarse por los residuos metálicos de la industria que encontraba a su alrededor. Ese encuentro transformó radicalmente su lenguaje.
El paso al metal no implicó una ruptura, sino una traducción conceptual. Hakim no “trabaja” el metal desde la soldadura tradicional; lo teje. Aplica al acero una mirada textil: entrelaza, ensambla y repite módulos como si se tratara de hilos. El resultado es un cortocircuito perceptivo fundamental en su obra: estructuras de gran peso y densidad material que, sin embargo, se presentan ante el ojo con una suavidad casi orgánica. Lo que parece ligero es en realidad monumental; lo que sugiere flexibilidad contiene una resistencia extrema. En esa tensión entre percepción y realidad se sitúa uno de los núcleos conceptuales de su práctica.
Con el tiempo, su trabajo ha tendido hacia una creciente escala, expandiéndose progresivamente hacia lo instalativo y lo ambiental. Las esculturas ya no ocupan simplemente un lugar: lo configuran. Dialogan con la luz, proyectan sombras cambiantes y transforman la experiencia espacial del espectador, activando una relación dinámica entre cuerpo, volumen y entorno.
En las obras reunidas en esta exposición, el acero industrial deja de ser residuo para convertirse en forma, memoria y posibilidad. Aros de rines, embragues y piezas modulares provenientes de la industria automotriz se reorganizan en cuerpos que oscilan entre lo funcional y lo poético. No se trata únicamente de un gesto de reciclaje, sino de una reflexión profunda sobre la capacidad del arte para reimaginar el destino de la materia. Allí donde el consumo produce excedente y descarte, la artista encuentra un campo de reinvención y resignificación.
Estos fragmentos de memoria mecánica, al ser entrelazados, se transforman en superficies vibrantes que capturan la luz y revelan texturas inesperadas. El trabajo es esencialmente modular: patrones que se repiten, redes que se expanden, estructuras compuestas por elementos recurrentes que, al articularse, generan unidades nuevas. Cada módulo mantiene su identidad, pero al integrarse en una estructura mayor pierde su autonomía para convertirse en parte de un organismo complejo.
El universo de lo múltiple alude precisamente a esa lógica de expansión. La obra de Hakim propone una reflexión sobre cómo lo singular se construye a partir de lo reiterado, cómo lo diverso emerge de la acumulación de lo aparentemente idéntico. La multiplicidad no es caos: es sistema. No es dispersión: es red. En cada pieza, la artista articula un equilibrio delicado entre orden y variación, entre cálculo estructural y sensibilidad orgánica.
Así, el diseño deviene lenguaje y el patrón se convierte en pensamiento. De la acumulación de módulos surgen volúmenes cambiantes, esculturas que demuestran cómo una misma unidad puede dar lugar a infinitas configuraciones. En la obra de Claudia Hakim, la materia industrial se vuelve tejido, el peso se convierte en levedad perceptiva y la multiplicidad revela un orden poético que articula memoria, estructura y transformación.
En última instancia, esta exposición no solo presenta un conjunto de obras, sino una ética de la forma: la convicción de que toda estructura está compuesta por partes interdependientes y que, en esa interrelación, reside tanto su fuerza como su fragilidad. El universo que Hakim construye es uno donde lo múltiple no fragmenta, sino que cohesiona; donde cada elemento, por mínimo que sea, participa de una totalidad dinámica en permanente devenir.
Eugenio Viola





