
De mi infancia tengo la memoria de los sonidos del viento. Tengo, también, la memoria del cuidado de Ana, mi nodriza Nasa. A través de la crianza, ese cuidado la hizo parte de mí, y a mí parte de ella.
Mi propia espiral de creación me llevó en los últimos años a dirigir una mirada sensible al territorio que me recibió por primera vez -el Cauca- y a indagar sobre el viento y su espíritu. En Tierradentro, lugar de nacimiento de mi nodriza, este elemento se considera sanador a través de la construcción de la flauta caucana hecha con la planta de Carrizo. La voz de las flautas es la interpretación del mensaje del viento, cuenta la historia de los pueblos del sur y transmite la sabiduría milenaria.
Con estas memorias, sensaciones y sonoridades como premisa se gestó el proyecto ‘Nasa Nodriza’, un ejercicio autobiográfico tensado por las cosmogonías y costumbres propias del pueblo Nasa, el cual inició con una investigación sobre la crianza de mestizos y el papel de la nodriza indígena en esta. Aquí, presento una búsqueda sobre mi crianza, y sobre el cruce de mi historia con la de mi nana: una mujer Nasa, quien, adoctrinada bajo el yugo de los testigos de Jehová en Popayán, una ciudad de costumbres coloniales, anhela volver al territorio de su origen, pero solo después de haber muerto.
Nasa Nodriza se teje entre un viaje cosmogónico -humano y no humano-, la búsqueda de mi origen y mi necesidad de reivindicarlo y resignificarlo, reconociendo lo profundo de su vínculo con el territorio y los saberes indígenas. Indaga en la sabiduría ancestral, la música milenaria de flautas y su composición desde el espacio de la ritualidad propia de los pueblos originarios del Cauca y propone insertarse en un acto de resistencia decolonial y un proceso de sanación y reivindicación del ser Nasa de mi nana nodriza y el mío propio, a través de las melodías del viento.
Este proyecto se ha hecho siempre con el permiso y la guía espiritual de los mayores Nasa Mauricio Kuchimba y Misak Lorenzo Tunubala, guardianes y mensajeros de la sabiduría del viento, la montaña y el carrizo.
Fabián Orozco
