ORILLAS
junio 1, 2021 -
julio 17, 2021
La Balsa Arte Medellín
Fernando_Peláez_Orillas
Sala principal. Orillas, La Balsa Arte Medellín

Camino de agua

En el mismo tiempo y en el mismo espacio, los procesos de la partida y la llegada marcan los momentos cotidianos de recogimiento. El viaje hasta llegar a la otra orilla, y el inefable regreso, son una meditación sin fin.

La presente muestra “Orillas” propone pensar el paso del tiempo y la acción de los elementos sobre la materia. Orilla es una palabra sin antónimo; cuando más, es una linea espejada. La circularidad de un borde nos recuerda el Uróboros, o la serpiente que se muerde la cola, como metáfora de la naturaleza cíclica y continúa de las cosas, del eterno renacer, del movimiento perpetuo del mar.

En palabras del Maestro Luis Fernando Peláez, el desgaste de las cosas es la materia misma de su obra. La luz cae sobre la montaña y el agua que fluye de la montaña al río, del río al mar, donde la luz enceguece. El río corre a su destino. Los elementos naturales son ‘los paisajes de la vida’, el sol, la tierra, las montañas y las aguas. Todo es movimiento y proceso.

Luz y sombras se proyectan en los pisos, esculturas que hablan de interiores de casas vividas por otros cuyas vidas desconocemos;
la arquitectura de puertas y ventanas señalan el acto de tras-pasar de un adentro a un afuera, o el mutar del espíritu y de la materia a otro estado, o el trayecto desde una orilla a su extremo opuesto. La luz atraviesa los planos claros y, con ella, el agua de la lluvia se insinúa como un velo. La veladura permite entrever el destello de la luz sobre las corrientes dormidas. Es revelación y ocultamiento, signo del instante eterno.

Es el viaje que no cesa. Por las aguas trasegamos.

Decía Neruda:

“por arriba los trenes,
por abajo las aguas,
enfermos de seguir un largo viaje
que principia, que sigue y nunca acaba. Cielos arriba, cielos,
y pájaros que pasan
sin detenerse, caminando como
los trenes y las aguas”

Las noches frescas de montaña reaparecen como recuerdos de épocas de la vida enlazados con los paisajes de juventud. Montañas se confunden con los recuerdos que afloran con la luz del caer de la tarde, cuando todo es silueta, claro-oscuro y el ocaso lento de la tarde traza una tenue linea en el horizonte. Es el momento crepuscular; cuando la noche abre su manto de silencio y oscuridad. Es, en palabras del Maestro, el momento de “recoger partes de un tiempo, señales de un viajero, días del agua y con esos pocos elementos guardar memorias de un lugar que a su vez es ningún lugar: todo se ha desplazado con una fuerza abrazadora donde solo el viento, el viento grande, deja el rastro de arenas y sobras y días en ruinas, pedazos de lo que fue el reino.”

Tres andamios conceptuales caracterizan la obra que Luis Fernando Pelaez nos presenta en ‘Orillas’.

Proceso

La idea de proceso marca su obra de una
forma concreta. Lo procesual representa
una categoría que proporciona un pensamiento instrumental para organizar el conocimiento derivado de la experiencia. Entender el mundo como proceso permite comprender que las cosas, como substancias materiales, se organizan mediante el accionar de actividades desplegadas en el tiempo y en el espacio.
La materia es dinámica y cambiante; no es cosa estática como quiso entenderla el pensamiento de La Ilustración. También las ideas viajan eslabonadas en el tiempo. La memoria como facultad humana muta con las horas y los días, fundiéndose en ‘Orillas’ con un imaginario autobiográfico y personal.

¿De qué se trata en realidad la necesidad de reinventarlo todo? La caja de herramientas permite hacer que cada objeto, cada escultura y cada obra bidimensional tenga una identidad propia dentro de un conjunto bien definido y exigente de nociones en torno al viaje que es la vida. En la obra de Luis Fernando Peláez no se reinventa el mundo. Se observa y se vive. El agua, la luz, el viaje, entre otros idearios, dan lugar a un arte combinatorio, mediante el cual pocos elementos, digamos, solo los necesarios, conforman un entorno poético y personal donde unos conceptos, como caja de herramientas, encierran universos de sentido.

Materia

En la coherencia entre materia e idea yace el peso y el corazón de las imágenes. En la experiencia de la fluidez y de maleabilidad, como de peso y densidad surge la experiencia estética de la obra. Materia e idea son indisolubles. Para la fenomenología, el origen del conocimiento humano parte no tanto de la deducción científica, como de la experimen- tación a través de todos los sentidos, la materia, además de su imagen retinal, se siente como textura, forma, gravedad, peso. En la obra de Luis Fernando Pelaez la materialidad del hierro, vidrio o madera y los mismos procesos de producción enfatizan el material que comunica ideas y sentimientos, mediante sensaciones que pertenecen a la raíz misma de la fuerza imaginante.

Idea

‘Orillas’ no pretende hacer una declaración definitiva. Es una escena para ser pensada, un momento de transito en un proceso creativo, un contenedor de posibilidades, un conjunto variable que remite a preocupaciones intemporales e universales.

Los arboles se sacuden bajo la lluvia. Aflora el olor de la tierra y aparece un destello de luz tenue en la nube. El sendero se convierte en riachuelo, camino de agua que corre hacia el puerto de mar donde espera un viajero sin rumbo fijo.

 

Ana Patricia Gómez

Bogotá, junio de 2021

Imágenes de la muestra

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Sobre el Artista

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LUIS FERNANDO
PELÁEZ

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