

El trabajo visual de Juan Mejía tiene múltiples enfoques. En uno de ellos, revisa la educación en artes desde varios ángulos y dimensiones temporales y espaciales, alimentándola con la recolección de imágenes y referencias a obras literarias que lo han acompañado durante su vida. Crea imágenes alegóricas que pueden tomar la forma de un galán de televisión de los años 60, un acumulador de objetos, un coleccionista de dibujos o un pintor de naufragios, como en su exposición 'Hacia un lugar común' en el MAMBO, la cual lo hizo acreedor del Premio Luis Caballero en el 2015.
Para su serie de carpas, en la que viene trabajando desde el 2020, construye collages o dibujos expandidos con materiales encontrados, presentando la paradoja de dicho objeto como entretenimiento primermundista y también como resguardo de emergencia.
El dibujo aparece como un ejercicio constante como puede verse en las autopublicaciones de 'Cuadernos' (¿tal vez como una forma de pasar el tiempo? ¿tal vez como una forma de recordar?). Sin embargo, visita la pintura, el video, el performance, la instalación, la cerámica, el collage, el ensamblaje, y cualquier medio que responda a las necesidades y curiosidades que se le presentan en cada proceso.
Acercarse a la práctica de Juan Mejía es parecido a mirar un prisma de cristal. Con su lectura del archivo personal, anacrónica, libre y siempre informada por la academia y la cultura popular, refleja los objetos laterales pero nunca el objeto en frente. Una sorpresa ante la costumbre a los espejos de casa.